Cuando escuché hablar de Mindfulness por primera vez no le di importancia; me dijeron que consistía en Meditar y respirar. Por aquellos tiempos era de las que decía que con mis “nervios” sería incapaz de estar sin pensar ni hacer nada ni dos minutos. Me pareció aburrido y eso que yo había estudiado Psicología y participado en talleres de relajación; pero por cosas de la vida estaba trabajando en algo que no tenía relación.

Mi vida personal dio un vuelco a todos los niveles hace unos años y me encontré aturdida y sin saber dónde aferrarme. Empecé a conocer a una serie de personas que trajeron consigo temas que me comenzaron a interesar: la espiritualidad, la física cuántica… y así empezó mi periplo de investigación.  La películas Y tú qué sabes con Joe Dispenza, y la El cambio de W. Dyer, la psicología positiva y otros muchos me acompañaron en mi viaje de transformación personal.

Si cuando algo externo a mí me interesaba no paraba hasta encontrar toda la información que podía al respecto  ¿por qué no investigar sobre todo aquello que podía hacerme sentir bien a nivel interno?

Y en el camino…

Me di cuenta de que no tenía más que perder que una forma de pensar que no me hacía sentir bien

 

No podía aferrarme a algo que me hacía vivir tanto dolor ¿Qué sentido tenía vivir aferrada al sufrimiento?

Empecé a intentar visualizar para intentar ir desprogramando esos pensamientos negativos o limitantes y sentir hacia dónde quería ir o en quién me gustaría convertirme, ya se sabe que tu cuerpo mientras visualizas vive como si estuviera sucediendo y pensé que no le vendría mal a  un cuerpo agotado algo de bienestar. Peor no iba a estar…

Empecé a experimentar conmigo misma probando prácticas distintas: meditación más profunda, meditaciones guiadas, andar por la naturaleza mucho más tiempo de lo que lo solía hacer,  cambié la alimentación para ver si de una forma natural podía  cargar a mi cuerpo y me mente con más energía y me esforcé por darme cuenta cuando pensamientos dañinos y negativos acudían a mi mente y los intentaba cambiar por otros positivos…

Pero se convirtió en una especie de caza de pensamientos o evitación de los negativos o esa palabra tan usada ahora “tóxicos”.

Ahora me doy cuenta que era una resistencia, una pelea continua conmigo misma por ser distinta a cómo estaba siendo, pero en mi viaje me vino más o menos bien para salir un poco del pozo en el que me encontraba.

Cuando intentas ir contra lo que sientes y no escucharlo es muy probable que vuelva potenciado. Porque no lo estás dejando ser.

Hay que afrontar estos pensamientos y emociones, verlos y reconocerlos y quedarnos en ellos, escucharlos para ver qué nos están demandando o qué nos pedimos a nosotros y nosotras mismos. Y después no dejar que se nos vaya la vida en rumiarlos una y otra vez. Decidir traer calma fijando nuestra atención en aquello que elegimos.

En este viaje absorbía conocimientos de distintas fuentes: filosofía, psicología, budismo, espiritualidad, New Age. Lo engullía todo. Tenía ansia o necesidad de respuestas, de sentirme bien, de saber vivir conmigo o con lo que me rodeaba.

He de destacar a maestros como Sergi Torres, alguien que llegó para quedarse; así como otros estuvieron de paso, Sergi es alguien a quién regreso, sus charlas en Teatros de Barcelona, grabadas y subidas Youtube, sus libros y su película; es alguien a quién recomiendo escuchar.

La vida es curiosa, fue uno de los primeros conferenciantes que empecé a oír al inicio de mi viaje personal y que no me llegaban, me imagino que todo tiene su momento y finalmente un día volví a escuchar una de sus charlas y todo lo que contaba comenzó a encajar.

Y finalmente Mindfulness volvió a mí para resonar y quedarse. Profundicé en el tema y descubrí que era lo que más iba conmigo hasta el punto de decidir estudiarlo oficialmente y hacerme experta en el tema.

Era como volver a ese fluir en el que nos encontramos cuando somos niños pero siendo conscientes de ello y de tu vida, de lo que pasa. La mente de principiante. Ver todo como si lo acabaras de descubrir. Tan fácil y tan difícil a la vez.

Mindfulness me decía que no luchara contra mí misma,  que lo que sentía, lo que pensaba, lo que era y quién era estaba bien, que no me juzgara; simplemente era…es. Y darse cuenta bastaba para reconducir tu vida y redirigir tu atención hacia la calma.

No luchas contra ti o por retirar un pensamiento que te duele, lo dejas ser, lo miras, le hablas y tratas de no juzgarlo, le prestas atención y luego lo dejas ir.

Lo aceptas y al no luchar contra el mismo, irá perdiendo intensidad y tú dejarás de huir de lo que es; de lo que sientes, de lo que piensas y de lo que te pasa.

Aprendes a mirarte, a escucharte, a mimarte y a aceptar. Sé amable contigo.

 

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