10 Tips para mejorar la atención

10 Tips para mejorar la atención

Todos nos damos, cuenta de una forma u otra, de la pérdida de atención en nuestro día a día y que se va incrementando a unos niveles preocupantes. El exceso de información y la multitarea nos llevan a la dispersión y la incapacidad de focalizarnos en una única tarea el tiempo suficiente para sentir que aprovechamos el tiempo y que estamos siendo productivos. Más que fijarnos en los resultados, que son muy importantes, es atender a la calidad de lo que hacemos; ya sea comer, leer un libro, jugar con un niño, nuestro trabajo, e incluso pasear por la playa. La mayoría de las veces somos incapaces de centrarnos en el momento y en lo que estamos haciendo y dejamos que durante ese paseo por la playa nuestra mente esté en automático, divagando en mil y una historias. Pero la atención se puede ejercitar y, la mayoría de las veces, depende de nosotros el hacerlo. 10 Tips para mejorar nuestra atención:

  1. Céntrate en un única tarea:

Elimina distractores como las redes sociales, Whatsapp… el tiempo que dediques a esa tarea.

  1. Anota tus ideas en una libreta:

Física o digital como Evernote, lo que prefieras. Esto hará que tu mente se libere en el momento y no tengas que sostener cada dato.

  1. Haz ejercicios de atención.

Dirige tu atención a un objeto y descríbelo mentalmente, haz sopas de letras, numéricos, etc…

  1. Tareas manuales y Creativas:

Te focalizan en lo que haces y que fluyas con el momento.

  1. Atiende a lo que Ahora puedes hacer:

Esto te sacará de la ansiedad excesiva por lo que tienes que hacer en el futuro.

  1. Ejercicios de respiración:

Comienza sin forzar tu respiración, déjala ser y solo quédate en ella y obsérvala.

  1. Lleva tu atención a cualquier cosa que hagas:

Siempre que te des cuenta de que estás en modo automático trae de vuelta tu atención.

  1. Observa y escucha a quien te habla:

No estés pensando qué decir ni qué contestarle. Intenta estar y dejar  que exprese lo que quiera.

  1. Ordena tu casa, tu mesa de trabajo:

Cuantas menos cosas te rodeen, menos distracciones.

  1. Medita:

No es más que mantener tu atención durante un tiempo sin juzgar, simplemente observa. Y si te distraes, vuelve a empezar.

Rafaela Carmona

MundoMindful

Licenciada en Psicología y Experta en Mindfulness. Escritora y Creativa.

Mundo Mindful nació como un nuevo estilo de vida enfocado en el aquí y el ahora,  en la atención y en la creatividad que surge del momento.

Y enseñando aprendo.

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Soportar la incertidumbre

Soportar la incertidumbre

Cómo soportar la incertidumbre.

El vacío es el lugar donde actúa la magia…

 

No recuerdo al autor de esta frase pero me impactó y la tengo escrita en una pizarra para tenerla visible y no olvidarla.

En esta Era de la información en la que vivimos sumergidos en contenidos y datos que no llegamos a asimilar porque no nos detenemos a degustarlos, a profundizar en sus significados o ver cómo podemos aplicarlos en nuestras vidas.

Es imposible ante tanta información, estamos abrumados y el precio es una pérdida continua de la atención: leemos de una forma superficial o haciendo un barrido y pasamos de una tarea a otra lo más rápidamente posible.

Y me pregunto: ¿por qué tenemos tanta prisa? ¿por qué esa ansia de datos y de hacer?

¿Será que se nos pasa la vida y hemos de acumular experiencias y datos? ¿Es eso vivir o es una carrera para intentar escapar de esa especie de vacío que es la incertidumbre?

Tenemos la sensación de que si no estamos conectados nos perderemos muchas oportunidades pero no estoy de acuerdo lo que estamos es dejando de atender a las experiencias que vivimos…

Puedes elegir tomar una foto con el móvil de cómo una mariposa se posa sobre una flor o simplemente decidir guardar ese momento en tu memoria con todos los matices que tiene verla con tus propios ojos.

¿Para qué queremos tantas fotografías en el móvil, tanta vida acumulada? ¿Guardaremos tal cúmulo de  imágenes para verlas de viejecitos?

Este modo de estar siempre haciendo, Modo Hacer, también está en nuestros pensamientos. Hacemos y deshacemos con el pensamiento. Y es parte de nuestra evolución y del cerebro adaptativo pero también nos está llevando a esa falta de atención al momento, a la vida y al propio hacer para terminar rumiando y en piloto automático.

Y luego está el Modo Ser o la Consciencia, el darte cuenta y atender el momento y lo que está sucediendo…

¿Y esto para qué sirve? Es un aburrimiento…Lo intento pero no puedo… Cuando me decís, o yo misma me digo, estas cosas mi respuesta es:

¿Te aburre la vida? Porque la vida es eso que te está pasando ahora y tú intentas no ver por vivir en tus pensamientos. La vida es esa incertidumbre que se abre paso cuando nuestros pensamientos la dejan y  decidimos mirar esa mariposa que se posa en una flor.

Siempre planeando, marcándonos objetivos y queriendo ser distintos a lo que somos o estar en situaciones distintas. En una búsqueda perpetua hasta que la muerte nos separe…

Pero en esa búsqueda vivimos proyectados al futuro o encaramados al pasado y rellenando, acumulando, clasificando…para que ese vacío de lo que ES no sea tanto, para que esa incertidumbre de la vida nos deje olvidarnos del miedo que nos da vivirla.

De ahí el título de este post. Soportar la Incertidumbre. Soportar la vida.

La vida es incertidumbre y cuanto antes lo aceptemos y lo vivamos más atentos estaremos.

Encontrar el equilibrio entre lo que la vida nos ofrece en este momento y todos esos planes que rondan nuestra cabeza.

Si quieres comenzar a vivir más atento aquí tienes una  guía gratis.

Rafaela Carmona

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Receta para dejar de amar

Receta para dejar de amar

¿Cuál es la receta para dejar de amar?.

 

La idea de que te amo sigue en mí    y la pelea por deshacerlo me ha dejado extenuada.  

Voy a sentarme y pensar en ti, voy a recordarte, porque en el instante en que lo haga serás mi presente, estarás aquí conmigo: tus ojos, tu sonrisa, ese abrazo que un día me diste.

Mi cuerpo reaccionará, haciéndote aún más real… Y, en ese momento, no podrás evitar que te ame. Espero poder alzarme mucho más allá de ese amor, abarcarlo hasta tal punto que se me deshaga entre los dedos. Esa es mi receta para dejar de amarte.  

¿Qué os parece mi receta para dejar de amar?

A todos y todas nos ha sucedido en algún momento de nuestras vidas que nos han dejado de amar o no hemos sido correspondidos.

Y la lucha despiadada en contra de lo que sentimos…

Pasamos por el mismo proceso de duelo que cuando alguien a quién amamos muere; en este caso lo que muere es el sentimiento de la otra persona o puede que nunca naciera.

¿Cómo es posible que nos dejen de amar? ¿Qué hemos hecho para que eso suceda? ¿Qué podemos hacer para que ese amor vuelva? ¿Cómo han podido hacernos algo así con lo que nosotros amamos?, etc…

Y entramos en una batalla personal de contradicciones y auto-sabotajes que nos puede llevar a perdernos en el desamor del otro hasta olvidarnos de  nuestro auto-cuidado y nuestro amor propio.

Y me refiero con amor propio al amor por uno mismo no al orgullo ni a la soberbia. Creo que todos sabemos cuándo algo ha llegado a su fin.

Al leer la receta pudiera parecer que nos resignamos cuando lo que estamos haciendo es aceptarlo y desde ahí, tarde o temprano, llegará la transformación. Sí, te amo pero no te necesito para seguir con mi vida.

Es difícil, lo sé. Pero lo es aún más el sentir y empeñarnos en ir en contra de ese sentimiento.  

Como no me quiere…yo ya no le quiero. ¿Cómo seguir amando a alguien que no me ama? Es enfermizo.

Pues no, no lo es. Es aceptar lo que siento y puede que el tiempo todo lo cure o puede que no. Pero yo estoy ahora viviendo esta emoción. Lo que es enfermizo sería ir contra lo que siento y camuflarlo de odio, rencor, ira y engaño.

Respiremos un momento y pensemos en esa persona. Aunque estemos enfadados, dolidos, tristes…en algún momento, tras todas esas emociones surgirá el amor que seguimos sintiendo.

Y esos sentimientos son nuestros, no de ella. Quienes tenemos que vivir  con ellos y aprender a gestionarlos somos nosotros.

Maduremos un poquito y hagámonos cargo de nuestras emociones.

Como decían en la película Come, reza, ama.

 La protagonista le confiesa a un maestro en la India…

 

-¨Pero lo amo¨. -¨Pues amalo.¨ ¨-Pero lo extraño.¨ -¨Pues extráñalo.¨ Cada vez que pienses en él, mándale amor y Luz. Después deja ir el pensamiento. Solo tienes miedo de dejar ir los últimos pedazos de David porque después de eso estarás sola. Pero esto es lo que tienes que entender…. Si despejas todo el espacio en tu mente que ahora estar usando obsesivamente en esta persona, tendrás la perfecta vacuna, una espacio libre- una puerta. Y adivina que traerá el Universo por esa puerta? De pronto mucha Luz entrará, Dios entrará, y te llenará de tanto amor como jamás lo imaginaste. Así que deja de estar usando a David para bloquear esa puerta. Déjalo ir.¨

Receta para dejar de amar

by RafaelaCarmona | MundoMindful

Rafaela Carmona

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Conexión entre mundo interior y cuerpo.

Conexión entre mundo interior y cuerpo.

Todos nos damos cuenta de forma evidente cuando una persona está radiante. La conexión entre su mundo interior y su cuerpo o mundo exterior: la energía que transmite,  la ilusión en la mirada, la calma en su rostro. De la misma forma, advertimos la tensión, el estrés, la mirada ausente de alguien con desasosiego interno.

Nuestro lenguaje corporal y no verbal dice mucho de nosotros mismos  y de los demás y es algo que reconocemos de forma intuitiva. Un lenguaje universal.

Cuando sentimos algún tipo de conflicto, estrés, tristeza…siempre,  siempre que sea posible, recomiendo empezar por el cuerpo. Parecerá contradictorio, pero a través del cuerpo podemos conectar con el inconsciente.

Es muy fácil de observar…si cuando estamos mal, estresados, tensos, tristes…el cuerpo nos da señales: contracturas, malestar en el estómago, falta de energía. Podemos recorrer el camino inverso y tratar bien a nuestro cuerpo para que nuestro interior vaya tomando nota…y paralelamente ir abordando el mundo interior y la mente. Porque sin un cambio de percepción más amplio será difícil ver resultados a largo plazo.

Aprendemos a observarnos, atender nuestras necesidades. Dónde está la tensión y cómo relajarla, darnos el descanso necesario, hacer  estiramientos o posturas de yoga que pretenden el equilibrio mente-cuerpo, meditación o mindfulness para volver a conectar con nuestra atención y no dejar que la mente nos sature y desborde.

El estrés o el miedo generan la hormona del cortisol. Implicada en los procesos inflamatorios y autoinmunes.

El amor y la sensación de bienestar hace que segreguemos oxitocina. Hormona que tiene la capacidad de anular los efectos de la amígdala y, por lo tanto, de bloquear el miedo.

Todos sabemos que cuando nos enamoramos, por ejemplo, la revolución química hace que nos sintamos pletóricos y radiantes, por dentro y por fuera; pero acontece por algo externo a nosotros. Dependemos de ello para sentirnos así. Con técnicas como el yoga o mindfulness, focalizándonos, podemos generar bienestar por nosotros mismos lo que nos hace menos dependientes de lo externo y con una mayor percepción de bienestar.

Pasos para poder modificar la química de nuestro cuerpo e ir sintiéndonos bien por fuera y por dentro:

  1. Alimentación. El aparato digestivo tiene su propio Sistema Nervioso. Se llama Sistema Nervioso Entérico. Genera hormonas como la Serotonina, encargada de la sensación de bienestar.
  2. Deporte o vida más activa: caminar, senderismo, yoga…
  3. Meditación o Mindfulness. En mi blog tenéis un Cuaderno de Mindfulness que yo misma he creado para que trabajéis con el mismo paso a paso y que también incluye otras herramientas de Psicología.
  4. Ser conscientes de cómo nos hablamos o hablamos a los demás. Ser amables y compasivos con nosotros mismos y con el resto.
  5. A través de cuerpo, como os cuento en este artículo. Cambiando nuestras posturas, el tono de nuestra voz, la práctica de yoga…

Cuando tratamos bien nuestro cuerpo nos sentimos mejor.

Rafaela Carmona

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Un cuento para mirar desde dentro

Un cuento para mirar desde dentro

 La niña que quería estudiar la luz

 

Esta es la historia de una niña que conforme va creciendo observa cómo ha ido viviendo de ilusiones y fantasías que se han ido desvaneciendo.

La hicieron creer en personajes inexistentes y figuras inalcanzables y cuando al crecer quiso seguir creyendo en ellos, comenzaron a decirle que no nada de aquello era real y que volviera a posar sus piececitos de hada en la tierra.

Siendo adolescente se negaba a ver la realidad porque le parecían muchas más bellas aquellas historias con las que creció. La reconfortaban y la hacían creer en un mundo donde el bien siempre permanecía sobre el mal.

Le habían enseñado a polarizarlo todo, lo bueno frente a lo malo, lo bello y lo feo, lo femenino y lo masculino, el odio y el amor, la razón frente al sentimiento…así que para ella enfrentarse a la realidad la sumergió en un mar de contradicciones  y decidió seguir escondida en aquel mundo de fantasías que durante tantos años le habían fabricado a su alrededor.

Decidió que la fantasía sería su realidad.

Durante muchos años vivió confinada en una casa de gruesos y altos muros, con unos grandes jardines, nada podían hacer sus padres para recobrarla.

Habían acudido a médicos y curanderos de muchos países sin el resultado esperado, así que optaron por dejarla vivir en su locura.

Para sus padres aquello era un acto de amor, allí al menos estaría bien; cuidada y vigilada para que no pudiera hacerse daño a sí misma. Pero y cuando ellos no estuvieran, ¿qué sería de su hija?

No obstante la realidad  avanzaba como si de una gran nube gris y oscura se tratara, impidiendo que la chica pudiera ver el sol por las mañanas y la luna y las estrellas por las noches.

Era como si el día estuviera desapareciendo para dar lugar a una eterna noche en el interior de sus muros; las velas permanecían encendidas a todas horas y, en muchas ocasiones, eran sus compañeras en sus largos paseos por los jardines.

Vivían en un castillo.

Su padre lo heredó de su abuelo y, en el mismo paquete, el título de Conde de los Siete Vientos. Título que ella misma heredaría aunque hasta esos momentos de su vida fuera algo en lo que ni advertía.

Sería la primera condesa de los Siete Vientos de todo su linaje.

Pero sus preocupaciones eran otras.

La chica lloraba y lloraba porque era imposible no advertir que el sol y la estrellas habían desaparecido y que las flores y los árboles y los campos parecían todos del mismo color grisáceo, incluso su rostro y el de las personas que vivían con ella tenían un aspecto demasiado tenebroso con la luz de la vela formando sombras que constantemente se reflejaban en ellos.

En esos instantes se dio cuenta de que deseaba saber el por qué la luz transformaba todas las cosas; aparecían nítidos los colores, las flores se abrían y los frutos crecían, incluso sus emociones eran distintas con días luminosos o de la noche al día. ¿Dónde podría estudiar todos esos fenómenos de la Naturaleza?

Su padre tenía miles de libros y sus profesores y tutores desde que era niña le habían enseñado sobre el mundo, las letras, la música, Dios…pero no recordaba que nadie le enseñara por qué una nube oscura podía cambiar el mundo de una persona, ni tan siquiera había oído historias o narraciones en los libros que había leído.

¿Sería posible que una persona muriera de tristeza por culpa de una nube que no dejaba traspasar la luz?

Pasaban los días y aquella enorme nube parecía ir oscureciéndose más y más, la realidad se ceñía sobre su cabeza, así que decidió por sí misma que tenía que salir de allí, viajar lejos dejando aquella negra e inquietante  nube atrás. Nada más parecía consolarla, deseaba marcharse.

Siempre creyó que viviría allí hasta el día en que su amor avanzara por el horizonte para llevarla a tierras maravillosas donde sería la mujer más feliz del mundo.

Pero aquella nube parecía perseguirla allá a donde fuera. Empeñada como estaba en salvarguardar su mundo de fantasías e ilusiones no se daba cuenta de lo que la rodeaba, solo veía aquella nube y cuanto más pretendía correr y huir de ella más negra se hacía. Un día, exhausta del viaje y con la vista nublada por mantener la mirada fija siempre en aquella negrura, decidió que pararían en una aldea y que se encerraría durante unos días en alguna posada para ver si así la nube se cansaba de esperarla y proseguía su camino hacia quién sabía qué lugar.

Todos los días miraba unos segundos por la ventana para ver si podía ver el sol o las estrellas; pero volvía a cerrarla a cal y canto en cuanto se daba cuenta de que seguía sin poder verlos.

Sus padres le escribían cartas que recibía a menudo, pero por alguna razón habían decidido permitirle que realizara aquel viaje ella sola, eso sí siempre ante la mirada atenta de Sofía, su doncella y Emilio, el hijo de su cochero.

Tenía órdenes de mandarles información de su hija casi constantemente y, como ninguno de ellos sabía escribir mandaban los mensajes de palabra a través de algún hombre o chaval del pueblo que trotaba con su caballo para llegar al castillo del conde de los Siete Vientos.

Pero ella seguía en su mundo y no podía creer a  los demás cuando  le decían que ellos podían seguir viendo el sol, la luna, las estrellas, el día, la noche, el color de las rosas, el verde de los árboles y los campos, el rosado color de la piel de la gente…para ellos esa nube y su negrura nunca había llegado y no entendían por qué la chica estaba empeñada en huir sin descanso.

¿Por qué nadie advertía que la luz estaba desapareciendo? ¿Por qué solo ella se daba cuenta del peligro que se avecinaba?

Cayó enferma de agotamiento por esa lucha interior que mantenía, solo podía pensar en esa nube y las mil maneras que se le ocurrían de hacerla desaparecer, todas absolutamente fantásticas.

Todo aquel mundo que trataba de proteger comenzaba a desvanecerse, ya no tenía tiempo para seguir manteniéndolo. Ni un solo segundo en todos aquellos días había pensado en su príncipe azul llena de amor sino todo lo contrario, estaba realmente enfadada con él porque no viniera a rescatarla; aún no le conocía y ya había empezado a odiarle, por no darle todo lo que ella esperaba , estaba desilusionada, se estaba desvaneciendo para dar paso a la realidad y lo que veía era que estaba sola y que tendría que enfrentarse a esa situación por sí misma sin que nadie viniera para hacer desaparecer de un simple gesto aquella negrura que la perseguía.

Tenía que estudiar la luz y sus efectos, no tenía tiempo de ser lo que de ella se esperara. Sin ver la luz como antes lo hacía, no podría vivir.

Aun con fiebre y escalofríos y haciendo un gran esfuerzo se acercó de nuevo aquel día a la ventana y con cierto asombro le pareció ver que esa negrura ya no era tanta, todo seguía en penumbra pero más ligera como si en el horizonte negro se advirtiera algo de luz.  Enseguida volvió a cerrar la ventana convencida de que aquello era efecto de la fiebre y se metió en la cama,  aliviada de no tener que soportar su propio peso.

¿Cómo era posible que hubiera llegado a ese estado tan lamentable? ¿Quién podía ser el culpable de todo aquello? ¿Por qué tampoco sus padres venían a buscarla para llevarla a casa? No entendía nada.

Se pasaba los días durmiendo, que más le daba si no podía ver la luz, y cuando despertaba se sentía tan abatida que deseaba volver a dormir lo antes posible.

En ese estado el joven médico de la aldea la había visitado cada día, no solo por saber que era hija de alguien de la corte, sino porque la belleza de aquella joven le había llegado hasta lo más profundo de su corazón y su vulnerabilidad le conmovía de tal manera que muchas veces había tenido que contener las lágrimas ante su dolor.

Sabía que estaba desorientada y metida en su propio mundo. En ciertas ocasiones dirigía su mirada hacia él como si realmente le estuviera observando, cosa que le hacía ruborizarse, pero pronto advirtió que la chica no le veía o no quería verle, así que cuando sus miradas se encontraban el joven médico aprovechaba para intentar ver si en el interior de aquellos hermosos ojos negros podía ver algo del alma de la chica. Entonces se daba cuenta de que tenía que apartar su mirada porque también él podría perderse dentro de aquellos ojos.

Lo haría encantado el día que esos ojos pudieran ver los suyos y entender de qué forma la miraban.

Y era muy cierto que  no veía los ojos del joven médico, los miraba sin verlos, solo eran un par de ojos más, los reconocía porque ciega no era , pero estaba demasiado preocupada y enfadada con las cosas de su mundo como para advertir más allá de una simple mirada.

Agradecía sus cuidados y era amable con él siempre que sus pensamientos sobre cómo combatir a aquella nube se lo permitían y eso ocurría en escasas ocasiones.

Cierto día advirtió que el  joven médico no había pasado a verla, no le dio mayor importancia, pero tampoco lo hizo al siguiente día ni al otro.

Preguntaba a sus doncellas cómo era posible que  aquel médico le hubiera privado de sus cuidados no habiendo más médicos en toda la aldea y encontrándose ella tan enferma como estaba. Sus doncellas le contaron que el joven había tenido que marchar a una aldea cercana donde habían solicitado urgentemente sus servicios porque él era el único médico disponible  en muchos kilómetros.

Por unos segundos se sintió egoísta, seguramente muchas personas estarían peor que ella y también necesitarían de los cuidados de aquel hombre. Pero pasaron los días y el joven médico seguía sin aparecer ni dar noticias, la joven se sentía inquieta y se olvidaba de aquella espesa negrura para pensar en aquel hombre al que comenzaba a echar de menos sin conocerle realmente.

Sus delicadas manos, su mirada atenta, su voz sosegada, su simple compañía, saberlo a su lado aunque no mantuvieran conversación alguna… así que decidió enviarle una carta solicitándole que volviera a la aldea lo antes posible. Necesitaba saber de él y no entendía lo que le estaba ocurriendo, nunca había sentido esa sensación en el estómago al pensar en la compañía de alguien.

Ese día, al mirar por la ventana pudo verlo todo con mayor claridad.

Su mundo era el mismo, pero todo había cambiado.

Era tan bonito lo que veía sin tener que recurrir a sus fantasías,  ver la magia de luz sobre todas las cosas y los seres vivos y estudiar por qué sus propias emociones ya no eran las mismas.

Había aprendido a ver a las personas que cuidaban de ella sin esperar a príncipes azules ni amigos ideales.

Le gustaba su vida.

Comprendió que cada vez que daba un paso para aceptar que sus ilusiones podían desvanecerse esa  nube iba desapareciendo dejando paso a la luz y a las estrellas y a la gente que realmente la quería. A su día a día, tal y cómo era ahora.

¿Y qué era más importante para ella, aferrarse a lo que siempre había creído cuando era evidente que ya no le servía envuelto como estaba en esa negrura o aceptar que hay otros mundos y otras ideas u otras formas de ver las cosas?

Cuando le contó lo que le había sucedido al joven médico, la respuesta del chico le sorprendió…

Dijo que para él aquello era la magia.

 

® Texto e Ilutración Rafaela S. Carmona

 

Rafaela Carmona

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